miércoles, 24 de noviembre de 2010

Gracias




Después de dos días creyendo que el mundo se me viene encima, me he dado cuenta de que, independientemente de si es cierto o no, puedo contar con miles de manos que me ayudarán a quitar los pedruscos que impidan que me levante.

Sabía que, en este duro camino de la adopción, aunque no nos conozcamos, nos apoyamos unas a otras. Sabía que no nos importa dedicar unos minutos de nuestro tiempo libre a pasearnos por los blogs de las compañeras de aventuras a leer y dejar algún comentario.
Sabía que, gracias a internet, podría llegar a conocer a quienes comparten mis mismas dudas.
Pero creo que nunca imaginé la cantidad de personas que podrían llegar a preocuarse por mí sin conocernos realmente.

A todos aquellos que me habéis dejado esos magníficos mensajes de ánimo, a mis chicas de la colcha que se movilizaron para llamarme o para pasarse por aquí, a todas las que compartís conmigo estos duros momentos, a todos y a todas los que, en definitiva, habéis querido "estar" a mi lado en estos días tan negros para mí, sin ningún otro propósito que el de intentar hacerme fuerte y hacerme ver que no estoy sola en esto, sólo puedo deciros GRACIAS.

Siempre he dicho que la familia es una de esas pocas cosas que uno no puede elegir en esta vida. La tienes y punto. Si te gusta o no, es otra historia. Pero cada día estoy más convencida de que sí. Sí puedo decidir quién quiero que forme parte de mi familia y quién no. Y he decidido que todas vosotras sois mi gran familia. Somos una familia diferente, pero grande y fuerte. Somos una familia de verdad porque no tenemos lazos de sangre que nos obliguen a portarnos adecuadamente. Hacemos y decimos lo que queremos a los demás miembros por pura convicción. Y eso, desde luego, es valiosísimo.

Chicas, ahora sé que puedo contar con todas vosotras. Y ahora sé que podéis contar todas conmigo.

Gracias por darme la mano, echarme mercromina en herida y ponerme esta fantástica tirira con globos de colores y caritas sonrientes. Aún no estoy bien del todo, pero ahora tengo más fuerza para seguir adelante.

Y, por supuesto, gracias a mi par de compañeras que estos días, cada mañana y a cada momento, me han ido preguntando cómo me encontraba. ¡Gracias chicas!

Y por último, aunque no por ello menos importante, a los que tengo más cerca, que me han demostrado que también se han preocupado por mí y han intentado animarme de todas las maneras posibles.

Cada vez tengo más claro que me sobran más personas y que tengo más familia.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Hoy se cumplen 10 meses y nada está bien.



Hoy se cumplen 10 meses desde que comenzamos este camino.
Hoy se cumplen 10 meses desde que pusimos nuestra felicidad en manos de terceras personas.
Hoy se cumplen 10 meses desde que todos mis pensamientos empezaron a girar alrededor de dos niños a los que ni siquiera conozco.
Hoy se cumplen 10 meses desde que empecé a vivir pendiente de teléfono.
Y hoy, que se cumplen 10 meses desde que dejé de vivir tranquila, he caído en picado.
Estoy hundida, abatida, triste... No tengo fuerzas ni ganas de buscarlas... Los problemas me han superado y han ganado esta batalla... Estoy tan cansada de mantener la cabeza alta y hacer como si no pasara nada, que sólo tengo ganas de dejar que el agua me ahogue por unas horas; de dejar de presentar batalla a todo y a todos; de llorar sin importarme si me ven, si me juzgan, si me entienden, si me siguen... Estoy harta de preocuparme por los demás; de si comprenden mis reacciones; de procurar no herir a nadie con mis enfandos, mis opiniones o mis ideas; de intentar hacer las cosas a gusto de todos y de olvidarme de mis necesidades para anteponer las de los demás... Me he cansado de pensar en las repercusiones de mis acciones y de actuar de acuerdo a lo que "es bueno" o "es mejor" para mí... de ponerme en el lugar del que está a mi lado, de utilizar la empatía mañana, tarde y noche...

Cuando uno sólo tiene un frente en el combatir, entre lucha y lucha, encuentra momentos para descansar y hacer acopio de fuerzas para el siguiente enfrentamiento. Pero cuando, mires donde mires, sólo ves guerras declaradas, cuando tras retirarte de un campo de batalla tienes que formar filas en el siguiente, y luego en el siguiente y luego en el siguiente, y cuando ni siquiera la noche te permite descansar y el insomnio se presenta como un enemigo declarado que no va a darte tregua... ¿qué es lo queda?

Hoy, que se cumplen 10 meses del comienzo de un viaje en el que la fecha de vuelta es desconocida, he decidido que me rindo, que a riesgo de parecer ñoña, blanda o frágil, o las tres cosas al mismo tiempo, voy a dejarme caer, voy a llorar sin consuelo, voy a sacar todo lo que llevo dentro y voy a esperar a que alguien se haga cargo de mí por unas horas o acaso unos días. Necesito que todo el mundo a mi alrededor se dé cuenta de que yo también preciso cuidados, que yo también me hundo de vez en cuando, que yo también reclamo hombros en los que apoyarme, que yo también tengo derecho a olvidarme de todo y a comportarme como una niña. Quizá mis heridas no sean más que unos raspones en las rodillas, quizá ni siquiera sangren, quizá no sean necesarias vendas... pero quizá, sólo quiza, al igual que los niños, sólo necesito que alguien me eche un poco de mercromina, me ponga una tirita con globos y caras sonrientes y me diga que ya está todo bien.

Y quizá no lo esté reclamando de mi marido o de mis padres, quizá se lo esté pidiendo al mundo entero. Quizá ambicione lo imposible al pretender un comportamiento así de los que menos horas pasan conmigo, pero quizá ya es hora de que me importe un comino que mis pretensiones no le parezcan bien a nadie.

PD: Raquelita, en esta entrada debería haberte mencionado y haber hablado de tu regalo. Pero no te mereces compartir cartelera con unos pensamientos tan negros. Te prometo otra mejor cuando el temporal haya amainado.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Luna llena

Esta noche hay luna llena. Esta noche encenderemos una vela roja por vosotros que nos esperáis y por todas las familias que aguardan encontrar la mitad que les falta.














Una creencia china dice que si 100 familias piden el mismo deseo a la luz de la luna llena, durante la cena, con una vela encendida, se concedera el deseo.

Además, se dice que un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper. Sé que el hilo es invisible, pero yo voy a hacer mi particular adaptación de esta creencia y llevaré, desde hoy, un hilo rojo que me permita estar más cerca de vosotros.


viernes, 19 de noviembre de 2010

Papá, te estoy viendo.

http://www.youtube.com/watch?v=4TD-K7mitj4

Creo que, una vez visto el vídeo, pocas son las cosas que quedan por comentar.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Mediterránea ONG



Mediterránea nace con la voluntad expresa de ser una ONG eficaz, sin gastos propios, llevada al 100% por voluntarios. Una ONG que invierte sus fondos en los países del Tercer Mundo en los que trabaja, para fomentar la economía local y contribuir a un desarrollo global desde la base.

Creemos…
que cada euro que entra debe dedicarse al fin que los donantes quieren que tenga: los necesitados, los beneficiarios de los proyectos. No debe gastarse en la organización. Y si podemos pedir algo en vez de comprarlo, ¡haremos lo que sea para conseguirlo!

Creemos…
en una gestión eficaz y rápida, porque las demoras siempre resultan en perjuicios para los más necesitados.

Creemos…
que el colectivo no gubernamental del Primer Mundo tiene una obligación con los que menos tienen. La experiencia nos ha enseñado que los gobiernos y las organizaciones supranacionales no bastan.
Somos los individuos, así como las empresas con visión de futuro, los que realmente podremos colaborar en deshacer las injusticias.
Creemos…
Que redistribuir la riqueza, proporcionar medios para el avance académico y profesional y crear oportunidades serán los instrumentos para permitir crear desarrollo y reducir la distancia entre el mundo rico y el mundo pobre.

Creemos…
Que nuestros hijos recogerán el testigo de nuestro trabajo, y por eso para Mediterránea es especialmente importante motivar a los más jóvenes y desarrollar actividades que les permitan participar y aprender. La ONG Mediterránea, con la que colaboro, me ha permitido publicar esta noticia en mi blog, con el fin de que todos podamos participar y ayudar en lo que podamos.

Nosotros somos socios de Mediterránea ONG y, por ello, quiero haceros llegar el correo electrónico que me enviaron la semana pasada, con el fin de que vosotros, también, os animéis a colaborar:

El domingo 5 de diciembre hay la Feria de Navidad en el Puerto Portals (Mallorca). Empezara a las 11:00 hrs y el estand de Mediterranea estará en el Bulevar principal junto a Capuccino.

Cada año en estas fechas el ayuntamiento de Calvia organiza esta feria de navidad a la cual acuden negocios y ONGs y ponen sus estands para vender, entretener e informar al publico.

La unica regla es que se mantenga un ambiente festivo y navideño.

Nos quedan 5 semanas para preparar el estand de Mediterránea. Para recaudar fondos para nuestros programas nos hacen falta cosas para vender.

Si tenéis ropa, juguetes, libros, artículos de decoración, caprichosos, vinos, y dulces que no os hacen falta y que están en buenas condiciones los podemos vender si nos los haces llegar.

Si queréis entregar cosas, venir a ayudar o tenéis ideas buenas poner os en contacto con: mediterranea.ong@gmail.com


¡Feliz Navidad Mediterránea!











sábado, 13 de noviembre de 2010

Qué verdad más grande.

Hoy, en el grupo de la colcha, una de las chicas nos ha dejado un artículo fantástico. A ver qué os parece.

Leopoldo Abadía (Zaragoza, 1933) es un profesor y escritor español conocido por su análisis de la crisis económica actual.

Leopoldo Abadía (autor de " La crisis Ninja ") dice en su artículo:

Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado por el futuro de sus nietos. Que no sabe qué hacer: si dejarles herencia para que estudien o gastarse el dinero con su mujer y que "Dios les coja confesados". Lo de que Dios les coja confesados es un buen deseo, pero me parece que no tiene que ver con su preocupación.

En muchas de mis conferencias, se levantaba una señora (esto es pregunta de señoras) y decía esa frase que me a mí me hace tanta gracia: "¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?". Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya están crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir "¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?". Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido: "y a mí, ¿qué me importa?!"

Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco.

Yo era hijo único. Ahora, cuando me reúno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha gente. Por lo menos, 64. Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa (cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se volcaron para que fuera feliz. Y me exigieron mucho. Pero ¿qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:

1. La guerra civil española
2. La segunda guerra mundial
3. Las dos bombas atómicas
4. Corea
5. Vietnam
6. Los Balcanes
7. Afganistán
8. Irak
9. Internet
10. La globalización

Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro.

¿Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar? ¡Si no se lo podían imaginar! Lo que sí hicieron fue algo que nunca les gradeceré bastante: intentar darme una muy buena formación. Si no la adquirí, fue culpa mía.

Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo. A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales. Lo que por ahí se llama "buena gente". Porque si son buena gente harán un mundo bueno. Por tanto, menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación: que sepan distinguir el bien del mal, que no digan que todo vale, que piensen en los demás, que sean generosos. . . .

En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran.

Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho qué hijos íbamos a dejar a este mundo. A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar. Y volví a darme cuenta de la importancia de los padres. Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro, en lo mal que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta de que los hijos son cosa suya y de que si salen bien, la responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también, no arreglaremos las cosas. Y el Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes de Educación, quitando la asignatura de Filosofía y volviéndola a poner, añadiendo la asignatura de Historia de mi pueblo (por aquello de pensar en grande) o quitándola, diciendo que hay que saber inglés y todas estas cosas. Pero lo fundamental es lo otro: los padres. Ya sé que todos tienen mucho trabajo, que las cosas ya no son como antes, que el padre y la madre llegan cansados a casa, que mientras llegan, los hijos ven la tele basura, que lo de la libertad es lo que se lleva, que la autoridad de los padres es cosa del siglo pasado.

Lo sé todo. TODO. Pero no vaya a ser que como lo sabemos todo, no hagamos NADA.

Leopoldo Abadía

P. D. :
1. No he hablado de los nietos, porque para eso tienen a sus padres.
2. Yo, con mis nietos, a merendar y a decir tonterías y a reírnos, y a contarles las notas que sacaba su padre cuando era pequeño.
3. Y así, además de divertirme, quizá también ayudo a formarles.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Los niños


Hace tiempo compré por internet el libro "Corazones con esperanza". Es un libro solidario cuyos fondos recaudados serán donados a la Asociación Bautista "Shalomon Adonay" de Brasil, para la construcción de un hogar para los niños de la calle. El libro lo firman personas de diversas partes del mundo.

Adoro la lectura, probablemente es mi mayor placer, aunque en los meses de invierno rivaliza con mi adicción al chocolate (y últimamente con mis chicas del grupo!!!), por eso me pareció una idea genial poder colaborar con una causa tan necesaria mediante la compra de un libro.

Sinceramente, no me paré a preocuparme por el contenido. No esperaba una gran literatura ni una edición cuidada. Simplemente quise poner mi granito de arena. Y cuando lo recibí y comencé a leerlo, me sorprendió gratamente.

Como he dicho anteriormente, en él se recogen poemas escritos por autores de América Latina y España en general. Son de una dulzura impresionante. Aún no he terminado de leerlo. Lo hago a poquitos para saborearlo bien. Pero al comienzo, en la introducción, hay un párrafo que me ha llegado al alma. Quieroc compartirlo con vosotros, porque se trata de una gran verdad universal:


"Mientras un niño tenga el corazón afligido, la mirada perdida, los pasos cansados y las manos vacías, el mundo no estará en paz; porque un niño que llora es espina de la rosa y no se podrá cantar a la vida con entusiasmo ni un minuto más".

jueves, 4 de noviembre de 2010

Dos meses después...

Hace dos meses que no me paso por el blog. Pero ni por el mío ni por los vuestros.
El mes de septiembre se presentó agotador por la vuelta al trabajo. Os aseguro que dos meses de vacaciones pasan factura. Hacerse con la rutina resulta casi imposible. Fueron pasando los días y, la verdad, no llegaba con fuerzas para sentarme a escribir nada. Más bien sólo tenía ganas de irme a dormir lo antes posible.
Y llegó octubre y me decidí a escribir, pero luego me di cuenta de que justo se cumplían nueve meses desde que comenzamos todo nuestro caminar en este mundo de la adopción. No debería ser así, pero nueve meses es una cantidad simbólica. Muy simbólica de hecho. Es una cantidad que, en circunstancias normales querría decir un parto inminente.
Pero claro, las circunstancias de una madre adoptante no son normales. Con esto no quiero decir que sean peores. Son, simplemente, diferentes. Aunque nueve meses son nueve meses. Y pesan. Pesan mucho, sobre todo teniendo en cuenta que ni siquiera existimos en Etiopía. Supuestamente esto cambiará en diciembre. Pero para eso aún queda un mes.

Este parón era necesario. De verdad. Además, así me he colocado en noviembre. El interminable período de tiempo que se me presentaba a la vuelta de las vacaciones del último trimestre del año, se ha reducido a treinta días. De momento. Porque diciembre tiene otros 31 días. ¿Y será el día 1 cuando llegue la documntación a Addis? ¿O será el 15? ¿O será el 31? Quizá lo mejor sea no esperarlo. Pero, por mucho que lo intente, a partir de entonces cada vez que suene el teléfono se me acelerarán las pulsaciones deseando que sea la tan ansiada llamada.

Pero este mes de octubre me ha traído algo bueno. Por fin he conocido a esas maravillosas locas a las que dediqué el mes de septiembre. Nos ha costado cuatro meses organizar la quedada pero, al final, nos pusimos de acuerdo y nos reunimos este puente. Fueron casi cuatro días intensísimos. El hecho de poner cara y voz a personas que, durante casi un año, sin apenas conocerme, me han apoyado, animado, alegrado y emocionado casi todos los días desde que entré en el grupo, no tiene precio. Todas han recorrido kilómetros y kilómetros para que pudiéramos compartir momentos maravillosos en una cabaña perdida en el pueblo de Valdecañas. Y desde el primer minuto he sentido con todas una conexión maravillosa. Annuska, Marta, Gisela, Lola,Verónica  y Victoria (os he puesto por orden alfabético para que no os enfadéis, jejeje) y sus mardios e hijos... Os puedo asegurar que no olvidaré jamas esa emoción tan intensa que sentí al daros el primer abrazo. Y por supuesto tampoco olvidaré la terrible llorera que se adueñaba de mí cada vez que alguna decía que ya se tenía que marchar... En la próxima quedada me despido la primera, así sólo lloro una vez...

Y bueno, lo que espero olvidar pronto son los kilos que me han quedado de recuerdo de la quedada. No voy a decir cuántos exactamente, pero os puedo asegurar que son muchos. Para la próxima, como dijo una de nosotras, productos light, por favor.

Chicas, que os quiero un montón, que no me imagino mejor manera de comenzar el mes de noviembre que la que he tenido y que a las que no pudieron venir, os espero en la siguiente seguro, seguro, segurísimo.