jueves, 28 de enero de 2010

Preparando la casa.

Yo creía que, después de llevar años y años convencida de que, antes o después, iba a adoptar, sería capaz de aguantar la espera mucho mejor.

Cualquiera que me lea pensará que llevo años de trámites cuando, en realidad, ni siquiera hemos empezado con el cursillo. El caso es que, después de comer he sentido cómo crecía en mí la necesidad de moverme y de hacer algo relacionado con la llegada de nuestros niños a la familia y, como poco es lo que de momento está en nuestras manos, nos hemos liado la manta a la cabeza y hemos empezado a preparar la buhardilla. Tenemos tres habitaciones en casa y, de momento,  nuestro dormitorio está en una de ellas, pero ya hace tiempo decidimos que lo trasladaríamos a la parte de arriba. La idea es dejar dos habitaciones para los peques y otra de despacho o estudio (como prefiráis llamarlo). El caso es que, por pitos o por flautas, nunca veíamos el momento.

Y ese momento ha llegado hoy, después de comer, cuando llevaba toda la mañana leyendo a otras blogueras. No he podido aguantarme y he dicho: "Marcos, vamos a empezar a liarla". Y dicho y hecho. Maza en mano hemos castigado el tabique hasta verlo reducido a un montón de escombros. Mañana nos hemos propuesto limpiar toda la montaña de ladrillos rotos que hemos dejado tirados. Y así, poco a poco, ir preparando el que será nuestro próximo dormitorio.

¿Cuál es el motivo de hacerlo nosotros y no encargárselo a agún albañil? Pues que mantener la mente ocupada es uno de mis objetivos durante el tiempo que dure nuestra aventura. Y, la verdad, ver cómo a cada mazazo que daba, caía un poco de ese tabique, ha sido la mar de beneficioso para mí. Como una terapia de desahogo, de descarga de nervios y de adrenalina. A ver si cuelgo unas fotos del antes para que podías compararlo, dentro de unos meses, con el resultado final.

Por otro lado, mañana iremos de compras. Tenemos la estructura de una cama de forja preciosa, que vamos a convertir en una cama-cuna. Mañara iremos a por el somier y el colchón. Y tengo que convencer a mi hermano para que acceda a pintar algo fantástico en la pared. No sé, hadas, gnomos, duendes o algo por el estilo. Más adelante buscaremos muebles en blanco decapado. Las paredes de la habitación son de color lila (aunque, a mis años, aún no sé qué color es morado, violeta o lila). Creemos que los muebles así quedarán muy bien y el resultado puede ser una habitación muy relajante. Haré fotos también para ver el antes y el después.

Intentaré a toda costa no ceder al impulso de empezar a comprar también peluchitos y cosas por el estilo. Lo prometo. Sé que aún es muy pronto, pero no sé si podré aguantarme. Total, aún tenemos que hacer el cursillo y pasar las entrevistas.

Ya os iré contando.

domingo, 24 de enero de 2010

¡Comenzamos!



No sé cuándo ni cómo empezó pero, desde que tengo memoria, he querido adoptar. Reconozco que, en su día, cuando me preguntaban los motivos, no era capaz de responder. Hoy por hoy me vienen frases del tipo: por qué traer niños al mundo cuando ya hay millones que están aquí y no tienen quién los cuide. O todos los niños tienen derecho a crecer en el seno de una familia, a sentirse queridos y a tener la posibilidad de un futuro mejor.

Todas son ciertas sí, pero independientemente de ellas, en lo más profundo de mi ser, allí donde las cosas no responden a la razón ni a la lógica, donde sólo valen los sentimientos y los deseos, una máxima impera sobre todas las demás: las ganas de recibir el amor de un niño y de ser para él una auténtica madre. Existe también la necesidad de volcar en una personita todos tus proyectos, de ver crecer, de responder, de compartir todas los aprendizajes y las experiencias que he acumulado durante tantos años... De formar, en fin, una familia.

Por todo esto, desde los 21 años he ido recabando información sobre adopciones, leyendo blogs de familias que habían adoptado o que estaban en proceso, actualizando los datos de países con los que España tenía convenio y, posteriormente, visitando el departamento de Adopción en Bienestar Social.
Debo decir que todo lo anterior lo fui realizando durante mis años de soltería, por lo que mi estado, unido a la edad, hacían bastante difícil que pudiera embarcarme en esta aventura.

Hasta que, a los 25, conocí al que hoy es mi marido.

En cuanto yo me di cuenta de que nuestra historia tenía todos los ingredientes necesarios para terminar con un buen final feliz, me senté y le conté todo lo que significaba para mí adoptar. Le pedí que pensara si quería formar parte de mi sueño y le dije que entendería que necesitase tiempo (pues él nunca pensó en esto). Al cabo de unos días y de sopesar todos los pros y los contras (y me consta que lo hizo, pues en su personalidad destaca, entre otras cosas, no tomar ninguna decisión a la ligera) aceptó compartir conmigo todos los momentos que este capítulo de nuestra vida quisiera depararnos. Y, entre todas las decisiones que tomamos al respecto, barajamos también la idea de tener un hijo biológico.

Han pasado tres años y medio desde entonces. Tiempo en el que hemos seguido actualizando todos los datos que teníamos y, en el que, por supuesto, hemos aprendido a conocernos mutuamente, a disfrutar el uno del otro, a realizar nuestras escapadas y a delinear nuestros planes de futuro. A casarnos, a bucear en la nueva vida que se adivina después de una boda y a establecer las normas necesarias en la convivencia.

Por eso hemos decidido aumentar esta familia que ahora formamos mi marido y yo con dos precios@s niñ@os de esta maravillosa tierra africana.
De momento, y tras esta extensa presentación, puedo deciros que el próximo martes 9 de febrero, comenzamos con el cursillo de idoneidad.


A ver qué tal se nos da.