martes, 25 de enero de 2011

1 año y un cuento (2ª parte)



Lo que encontraron al llegar era todo lo contrario a lo que dejaron en su tierra: lluvia, nieve, frío, nubes negras, nubes grises, viento... Parecía solitario, abandonado, amargado... Eran tan diferente a lo que ellos conocían... Sintieron tanto miedo al llegar... Aquel paraje tan desconocido les hizo sentir escalofríos.

No encontraron a nadie por las calles, parecía deshabitado. Pero no podían volver acasa con las manos vacías, por lo que decidieron llamar a la puerta de la primera casa que encontraron. Abrió una mujer de mediana edad, que se asustó mucho al ver dos luces tan brillantes. Se puso una mano delante de los ojos, para intentar paliar el daño que tanto brillo le estaba ocasionado. Y de golpe cerró la puerta.

Los emisarios se dieron cuenta de que el miedo que ellos sintieron al llegar, era igual al que ellos inspiraban, así que se apresuraron a preguntar  por los Grandes Ancianos de la ciudad. La mujer,  a través de la puerta, les dio las indicaciones oportunas, amparada en la tranquila y conocida oscuridad de su casa.

Según iban avanzando por la calle, los pocos habitantes que se encontraban corrían a ocultarse. Los emisarios no entendían nada: ¿cómo podía ser que aquellos seres les temieran cuando eran ellos las criaturas sombrías y extrañas? Si todo aquello que brillase era lo bueno, lo correcto, lo que mantenía el orden de las cosas. La luz era la que daba la vida. A punto estuvieron de darse la vuelta, pues estaban convencidos de que sus ancianos se habían vuelto locos si creían que juntándose con una gente tan rara sus problemas se iban a solucionar. Tenían la sensación de que sólo se podría empeorar las cosas. Pero, al fin y al cabo, ellos eran dos simples emisarios y no tenían por qué cuestionar las órdenes.

De pronto, llegaron ante un Gran Árbol Central, que nada tenía que ver con el majestuoso  árbol que regía la vida de su tierra, pues carcía de hojas verdes. Si acaso poseía algunas rojas, marrones y amarillas y, lo peor de todo, es que un grupo numerosos de ellas yacía a sus pies. De detrás del tronco (o de la nada, no lo tenían muy claro) apareció una pareja de Grandes Ancianos con la misma poca luz que el resto de los lugareños. Sin embargo, cuando hablaron, mostraron una voz meliodosa y reconfortatne, exactamente todo lo contrario a lo que ellos esperaban. Mas esto no fue suficiente para que los emisarios se calmaran: entregaron el mensaje y salieron corriendo.

Y volvieron a andar sin descanso días y noches, y recorrieron miles y miles de kilómetros, y atravesaron bosques y prados, y ríos y lagos, y montañas y valles... Y por fin vieron una luz brillar y supieron que estaban en casa y se sintieron a salvo, pues aquello era lo que estaba bien, lo había sido siempre, lo primero que podían recordar, lo conocido, lo normal... Lo bueno.

Enseguida fueron a ver a los Grandes Ancianos, quienes les hicieron miles de preguntas, pero ellos sólo podían contestar que aquel era un lugar horrible, que nada de lo que habían visto, olido, tocado, sentido les había gustado, que no querían volver a encargarse de misiones así, que lo habían pasado realmente mal, que se alegraban de estar en casa de nuevo.

Ante estas respuestas, los Ancianos y el Consejo de Sabios comenzaron a arrepentirse de la petición que habíanhecho. Sólo les venía a la cabeza malos pensamientos y malas sensaciones, pero lo hecho, hecho estaba. Ya no había vuelta atrás. Entre otras cosas, porque su tierra cada vez estaba peor, sus habitantes apenas salían de casa, apenas dormían, apenas comían, apenas se relacionaban, apenas trabajaban, apenas se preocupaban por sus vecinos. Se estaban convirtiendo en una tierra fantasma.


Mañana más...


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