miércoles, 26 de enero de 2011

1 año y un cuento (3ª parte)



Pero es que los habitantes "del otro lado" les asustaban tanto, les tenían tanto miedo... Sólo sabían de ellos que eran diferentes, que sus costumbres, sus coimdas, sus horarios... eran todo lo contrario a lo que ellos conocían.

Como no tenían otra solución, se dedicaron a esperar... y a desesperar, pues pasaba el tiempo y nadie acudía en su ayuda. Comenzaban ya a pensar que habían perdido el tiempo cuando, de pronto, el vigía apostado en la torre de la ciudad, llegó corriendo al Gran Árbol Central, muerto de miedo, anunciando que una gran masa negra de truenos, rayos, lluvias, vientos y oscuridad se acercaba a las murallas. Al momento, las pocas personas que se habían atrevido a salir de sus casas, corrieron asustadas a contar a sus vecinos tan horribles noticas y a esconderse en sus hogares.

Pero, mientras los ciudadanos cerraban puertas y ventanas, los Grandes Sabios tenían otros pensamientos y un sólo deseo: que aquella medida desesperada funcionara.

Así pues, corrieron a recibir a los visitantes a las puertas de la muralla. Al momento, éstas se abrieron de par en par y un frío espantoso entró en la ciudad. La sensación fue tan... abrumadora. Para ambos pueblos, pues unos jamás habían sentido el calor, la luz, el brillo... y otros nunca antes habían experimentado frío, oscuridad ni lluvia. En ese instante, tanto los primeros como los segundos se preguntaron si estaban haciendo lo correcto.

Sin embargo, los dos grupos sintieron curiosidad por el otro y siguieron avanzando hasta que los cuatro Grandes Ancianos se tocaron. Y todos los que estaban a su alrededor observaron cómo la luz de unos disminuía hasta hacerse soportable y cómo la osucridad de otros cada vez brillaba más.

Aquello les pareció fantástico, inexplicable, histórico... y corrieron a tocar al que estaba enfrente para poder expeirmentarlo ellos también. Mezcla de miedo y sopresa era lo que cada uno notaba y eso mismo era lo que sus caras iban reflejando. Poco a poco, tanto unos como otros, fueron dándose cuenta de que se sentían mejor cuando se tocaban que cuando se separaban. Así que, como quiera que había muchos observando todo desde el refugio de sus casas, temerosos fueron saliendo a la calle, avisándo al vecino, hasta que absolutamente todos los habitantes se encotraron en las calles, buscando a alguien opuesto al que tocar.

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Tiempo después, cuando todos se convencieron de que aquello no era tan malo, procedieron a buscar cobijo para los recién llegados, pues al día siguiente los cuatro Grandes Ancianos tenían algo que anunciar.

Cuando amaneció, los Oscuros y los Claros se reunieron y escucharon algo para lo que la gran mayoría no estaba preparada: a partir de ese mismo día todos vivirían en la misma ciudad. Todos serían vecinos con los mismos derechos y los mismos deberes. Todos se verían día sí y día también y todos convivirían para siempre en la misma tierra.

Para aquellos que nunca estuvieron de acuerdo en mezclarse con los desconocidos, la noticia fue como un jarro de agua fría. Otros muchos, que creyeron que sólo duraría un tiempo determinado y, por tanto, ni siquiera se tomaron la molestia de ofenderse, la nueva no fue un golpe tan duro. Ni los primeros ni los segundos lo admitieron y pronto comenzaron las protestas. Tanto para los Claros como para los Oscuros, convivir con el cotnrario era una ofensa a todo aquello en lo que creían y a todo aquello que les habían enseñado, porque siempre había sido así. Unos pocos, sólo unos pocos, estaban contentos con el cambio, pues comprendían que sería bueno para todos. Otros poquitos, los menos, prefirieron no opinar y dar una oportunidad a la iniciativa.

Pasó el tiempo y unos y otros fueron comprobando que las cosas que antes suponían sufrimiento, como el hecho de brillar tanto que no podían mirarse a la cara , o ser tan osucros que casi no veían por dónde pisaban, se hacía menos difícil cuando estaban en compañía de los "extraños". A pesar de todo, seguía habiendo gente a la que le costaba relacionarse. Por contra, otros comenzaron a tener muy buenas relaciones, tanto que se empezaron a formar parejas. Con todo, al principio eran los menos, pero al final, el afecto, el cariño y, en fin, el amor, rompieron las barreras del "qué dirán", del "me señalarán por la calle", del "no está bien visto", etc. y empezó a nacer una nueva generación. Lo curioso de esto, es que los bebés que nacían, de forma indistinta eran claros, oscuros y hasta grises. "Los mestizos", empezaron a llamarlos.


Y mañana la cuarta y última parte.

1 comentario:

Sandra dijo...

El cuento precioso espero muy prontito poder leerselo a nuestro/a peque y decirle que lo escribió una compañera de camino con mucho amor.

Un beset.