sábado, 29 de junio de 2013

Buscando los límites de papá y mamá


Pues así llevamos dos días. La verdad que hasta hoy las rabietas han estado más o menos justificadas, sobre todo la de esta mañana, pero ahora mismo tiene un cabreo que es imposible que le quepa en ese cuerpo tan pequeño. 

A ver, son muchos cambios los que está teniendo en tan poco tiempo y muchos los miedos. Ayer estábamos jugando en el patio y en un momento determinado me pidió subir a la habitación. Cuando llegamos y vio que Marcos no estaba con nosotros, se enfadó y volvió a quedarse como ausente, mirando al infinito y sin permitir que le tocase. Y luego llegó el llanto en silencio. Me costó media hora de caricias y besos que se le pasara y cuando llegó Marcos le tocó el turno a él de sufrir su enfado, demostrando claramente que no le había gustado nada que no subiera a la habitación con nosotros.

Esta mañana hemos ido al médico para hacerle una analítica y confirmar que lo tiene es tiña. Cuando el taxi ha llegado a la puerta del hospital ha empezado a revolverse y al llegar al laboratorio ha sentido auténtico pánico. Al final han conseguido pincharle pero apenas le han sacado sangre. Así que cuando han querido repetírselo en el otro brazo, hemos decidido que ya había pasado suficiente suplicio y hemos vuelto al hotel (ya le haremos todo lo que necesite al llegar a casa), pero según hemos entrado en la habitación, ha entrado en modo cabreo y otra media hora para conseguir que se le pasara. 

Por esto digo que las rabietas estaban justificadas. Pero ahora, al subir del patio del hotel, ha abierto la maleta para sacar juguetes. El problema es que no se ha decidido. Hay veces que simplemente quiere todo y nada a la vez. Y este ha sido uno de esos momentos. Como le he pedido que me ayudara a recoger todo lo que ha sacado y no le ha dado la gana, ha cogido la gorra que tenía en la mano, me ha mirado, a torcido el morro y la ha lanzado todo lo lejos que ha podido. Acto seguido ha cogido un papel y ha hecho lo mismo. Esto no es una rabieta de miedo ni de cambio ni nada de eso. Es un "a ver hasta dónde llego". Como me he enfadado y le he regañado, ha decidido que nos da la espalda y nos retira la palabra. Se ha puesto de rodillas y así lleva unos quince minutos. Si le dices algo, te da la espalda; si le tocas, te quita el brazo y si le buscas la mirada te la retira. 

Da mucha lástima verlo así pero, aunque me gusta que tenga genio y carácter, estas no son maneras. Las normas hay que cumplirlas y cuánto antes lo sepa, mejor para todos. 

Voy a ver si ya se le ha pasado un poco y volvemos a echar esas sonrisas tan maravillosas que nos alegran el día.

1 comentario:

VERÓNICA Y JOSÉ FCO. dijo...

Pues sí eso comentan q suelen tener muchas rabietas por nada, mucha paciencia, dichosa palabra.