lunes, 1 de julio de 2013

Un día... raro.



El día de ayer fue fantástico. D. estuvo todo el tiempo la mar de receptivo, comunicativo, gracioso, atento, sociable, simpático... fantástico, en general. Hablamos con todo el mundo por Skype sin que apenas se quejara. Además, poco a poco ya vamos alargando los horarios y D. ayer tampoco tuvo ningún problema en ese aspecto. Conseguimos evitar las dos rabietas que se avecinaban, una de ellas porque quería ponerse ropa nueva. Como cuando uno no es capaz de entenderse con el idioma lo mejor es pasar a la práctica, al final le sacamos toda la ropa de la maleta (la que habíamos guardado porque le quedaba grande) y dejamos que se la probara para que pudiera comprobar que le quedaba mucho peor que la que había en el armario. Asunto solucionado: con la ayuda de papá dobló todo lo que había sacado, cerró la maleta y se puso los pantalones de siempre.  

Hoy se ha despertado a las siete y hemos empezado muy bien el día, pero se nos ha ido torciendo poco a poco. A ver, no es que a estas horas hayamos tenido la bronca del siglo ni nada por el estilo, pero ni ha hecho tanto el "payasete" (como yo digo), ni ha estado receptivo a la llamada por Skype que le hemos hecho al tío por su cumpleaños. Ya me ha extrañado verlo tan tranquilo esta mañana, después de desayunar, recortando y pegando papelitos durante casi media hora, o jugando en el patio del hotel con tanta gente como había...

A eso de las doce, hemos decidido que teníamos que salir a comprar algún pantalón para D. porque todos los que le hemos traído le bailan. Incluidos los de tres años. Además, después del episodio del hospital, intuíamos que volver a subir en un coche le iba a costar, y no queríamos dejar pasar más tiempo. Y así ha sido.

Le hemos explicado que íbamos a llamar a una "máquina" para ir a comprar ropa para él. Todo le ha parecido bien, excepto lo del coche. Al final, después de mirarnos mal un par de veces, hemos conseguido que entendiera que no iríamos al hospital y no ha habido problemas al subir en el taxi. Como las veces anteriores, en el trayecto, D. miraba todo con muchísima atención y al llegar al centro comercial, se ha bajado tan feliz. Hemos entrado en la primera tienda de ropa infantil que hemos visto y que, además, tenía muchísimos juguetes y ha abierto unos ojos como platos. Pero... ha salido la vena presumida de la que tanto nos han hablado. Según Marcos o yo cogíamos pantalones, iba negando con la cabeza y señalando camisetas de colores chillones. Pero nosotros queríamos un pantalón. Por fin, hemos encontrado uno de su talla que le ha hecho gracia y cuando se ha quitado las zapatillas y la ropa que llevaba para probárselo, ha empezado la bronca. Ya no se quería vestir ni con uno ni con otro. Se ha tirado por el suelo, ha pataleado, se ha retorcido... en fin... una más. Claro, en mitad de una tienda uno se pone más nervioso. Si encima eres una pareja de blancos con un niño negro en un centro comercial y sabes que todo el mundo te está mirando, pues más nervios aún. La pobre dependienta preguntando en inglés si el crío hablaba amárico, Marcos esperando para ver si podía pagar con tarjeta (que los birrs abultan una barbaridad y no queremos cambiar más), el crío con su rabieta en mitad de la tienda, yo peleándome para ponerle las zapatillas... Total, que al final nos hemos llevado solo un pantalón, D. se he tirado al suelo al salir, Marcos lo ha cogido en brazos por no liarla allí en medio mientras seguía pataleando, poniéndonos firmes que ya está bien de tanta rabieta, y venga a dar vueltas por el centro comercial. Cuando al final lo ha bajado al suelo, seguros ya de que no se iba a volver a tirar, no me ha querido dar la mano, solo aceptaba la de papá, hasta que hemos salido a la calle y ha visto mil coches por todos los lados y un montón de gente. Entonces sí, me ha agarrado fuerte hasta que nos hemos sentado a comer. 

Allí ha vuelto a querer hacerme "el vacío" pero, afortunadamente, es un chico muy cariñoso y le han podido más las ganas de sonreír que el enfado. Y... ha llegado el siguiente momento raro: la comida. D. come siempre todo lo que tiene en el plato, le da igual lo que sea. Si no conoce la comida, la prueba sin ningún reparo. Si la que tiene él es diferente a la que tenemos nosotros, nos pide un poco. Pero hoy, ha olido la comida y ha dicho que "nanai". Tampoco la que tenía yo (y no era nada raro, de verdad, solo un sandwich y un plato de pasta). Solo ha aceptado la de papá. En cualquier otra circunstancia, todo habría sido distinto, habría tenido que probarlo como mínimo. Pero hoy ya llevábamos mucho y sólo hace cinco días que estamos juntos. Hay que marcar los límites desde el principio, sí. Pero también hay que aflojar la cuerda de vez en cuando, no vaya a ser que de tanto tirar al final la rompamos. 

En las mesas de al lado, había unos chicos comiendo un helado. Por la cara de D. apostaríamos que nunca había probado uno. Así que, como concesión, mamá se ha pedido uno grande de vainilla. La cara de mi peque ha sido genial cuando ha visto podía probar una cosa de esas y se ha acercado tan dispuesto a darle un lametón (como ha visto que hacían los chicos) y... ¡menudo bote al comprobar lo frío que estaba! Pero qué rico. Así que nos hemos comido el helado entre los dos. Gracias a esto, también hemos podido comprobar que se le calan las muelas del frío y le duelen los oídos y la garganta. A ver cómo aguantamos con esto de aquí a que lleguemos a España, porque al hospital no le vamos a llevar de nuevo a menos que nos encontremos con algo grave. Hoy hemos empezado a tomar medicación para la tos. Eso sí, dosis para niños menores de dos años que, entre lo poco que pesa y que nunca antes había tomado jarabe, yo supongo que es suficiente. 

Llegada al hotel después de comer con D. muriéndose de sueño: nos lavamos los dientes como todos los días, los tres juntos, fenomenal. "D. vamos a dormir" y un no rotundo con la cabeza. Bueno, no pasa nada. Las otras veces, cuando ve que nosotros nos vamos a la cama, enseguida viene detrás. Pero hoy ha querido coger la cámara de fotos antes de echarse la siesta y se ha ido derecho al cajón donde la guardamos, con tan mala suerte que se ha pillado el dedo (en realidad se lo ha "medio pillado" porque sólo se ha llevado un susto), y como era papá el que le estaba diciendo que tuviese cuidado, el cabreo ha sido con él. Otro momento raro. Se ha tirado al suelo, como siempre, y ya no ha querido cuentas con nadie. Hemos insistido un par de veces pero nada. Pues hala, ya se le pasará. Al final se ha quedado dormido. Le he quitado el pantalón y las zapatillas en el suelo, pero ha sido Marcos el que le ha cogido en brazos para ir a la cama y cuando se ha despertado y ha visto que era él, otra vez a retorcerse. Se ha levantado y se ha quedado de pie, mirando la infinito. Como sólo permitía que me acercase yo, poco a poco, he conseguido quitarle la camiseta y convencerle de que se metiera en la cama pero, eso sí, tumbado encima de mí... y el pobre se ha quedado dormido antes de darse cuenta. 

Y ahora ahí los tengo a los dos, durmiendo a escasos centímetros uno del otro. Tan tranquilos y tan "rebonicos" que me da lástima despertarlos, pero son ya las seis y es hora de merendar. 

Sé que cuando D. se levante va a estar tan contento como siempre. De lo que ya no estoy tan segura es de que el día raro haya acabado por hoy...



5 comentarios:

VERÓNICA Y JOSÉ FCO. dijo...

Vaya si ponen a prueba Laura jj ya nos avisaron de q tienen carácter ya. Bueno pues poquito a poco yo creo q se irá haciendo y las pataletas irán disminuyendo ya veréis. Un abrazo enorme.

Centdesitjos dijo...

Qué ganas tenía de leerte otra vez!!!!! Madre cuantas cosas en ran poco tiempo.... ;-)

Un besote!!!!

annuska dijo...

Ummm los "maravillosos" días de 6 rabietas diarias... es normal, los pobres no entienden lo k pasa y el miedo lo demuestran así. Y lo de desnudarse y enrollarse en el suelo tambien me suena. Poco a poco irán cediendo con cariño y comprensión. Nosotras ahora hacemos rabieta cada 15 días más o menos jjjjj

Lo más difícil ya esta hecho. Ahora necesitaréis otro tipo de paciencia.

Suerte y besos a los tres

Anónimo dijo...

Gracias por escribir, para los que estamos lejos nos das la vida. Y además, seguro que el día de mañana a D. le encantará poder leer este diario. Y también llegará ese día para vosotros porque os traerá a la memoria un montón de detalles y emociones que con el tiempo se os pueden olvidar. Así que, Laura, ya sabes lo que tienes que hacer:¡Sigue escribiendo! Permítenos veros, oíros, alegrarnos, estar de alguna forma con vosotros. Un beso enormeeee, Mamen

Samaiaui dijo...

Madre mía!!!!
La mar de entretenidos que estáis, eso seguro.
Ya me habían avisado del carácter de los etiopitos, se le llama "carácter etíope", y es para agarrarse fuerte.
Pues nada, poco a poco ya le iréis cojiendo el punto. Nadie mejor que sus papis para entenderse y con el tiempo todo será más fácil.
No me quiero ni imaginar la escena del centro comercial!!!!!
Todo será más fácil cuando empecéis a entenderos con el idioma, seguro!

Gracias por contarnos vuestras aventuras.
un beso